Año 700. Nuestra Señora de Pedancino

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Por los años 700, en el Cismon de Grappa, donde existe un barranco amplio y escarpado, había un espino majestuosa. Un día, como de costumbre, un pastor y sus ovejas, estaban cerca del lugar. Inesperadamente apareció una luz misteriosa que brillaba en la garganta del acantilado y sobre el espino vio una hermosa imagen de la Virgen, que sostenía en sus brazos al Niño Jesús. Sonriente, invita al pastor a que se acerque. El pastor no se atrevió y, olvidándose de sus ovejas, corre a la casa gritando y llamando a la gente, para que fueran a ver el milagro. Llega jadeando donde el sacerdote, el que encuentra poco creíble la historia del pastor, pero después se convenció de seguirle, porque el muchacho mismo era la muestra del milagro: Era mudo y ahora hablaba.
La noticia se propagó y todos corrían al lugar donde se encontraba la estatua de la Virgen, hecha por una especie de madera que no se conocía en la zona.
El emperador Carlo Magno, en el año 799, firma la orden de venerar a Nuestra Señora de Pedancino.
El 18 de agosto 1748 un terrible aluvión arrasa toda la zona y las aguas del Cismon llevaron la estatua hasta Friola, a treinta kilómetros de distancia, donde la encontraron intacta.
Dos siglos después, el 5 de noviembre de 1917, como resultado de la batalla de Caporetto, en la Primera Guerra Mundial, llega la orden de evacuar apresuradamente la zona por el peligro de su destrucción total. El sacerdote se lleva la estatua y después de muchas viscisitudes llega a Sicilia, donde la comunidad de Cismon es acogida con gran hospitalidad. El 17 de junio 1919, terminada la cruel guerra, la milagrosa estatua volvió a Cismon.

Año 714, Invasión Árabe a la Península Ibérica.


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Sepp Michaeli O.
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