Año 40. Aparición de la Virgen al apóstol Santiago

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El apóstol Santiago Mayor, primer apóstol mártir, viajó desde Jerusalén a Cádiz, España. Sus prédicas no fueron bien recibidas, por lo que se trasladó a Zaragoza. Aquí se convirtieron muchos paganos. Estuvo predicando también en Granada, ciudad en la que fue hecho prisionero junto con sus discípulos y los convertidos. Santiago pidió a la Virgen María, que aún vivía, rogándole que le ayudara. La Virgen le concedió el favor de liberarlo y le pidió que se trasladara a Galicia a predicar y que luego volviese a Zaragoza. Esta es la primera aparición de la Virgen. Santiago cumplió su misión en Galicia y regresó a Zaragoza, donde corrió muchos peligros. Una noche, rezando intensamente con algunos discípulos, junto al rio Ebro, pidiendo luz para saber si debía quedarse o huir. Él pensaba en María y le pedía que rogara con él para pedir consejo y ayuda a su divino Hijo Jesús, que nada podía entonces negarle. De pronto, vio venir sobre él un resplandor del cielo. Aparecieron ángeles que entonaban un canto muy armonioso, mientras traían una columna de luz, indicando un lugar determinado.
Sobre la columna se le apareció la Virgen María, en carne mortal, que le pidió que levantara una iglesia en ese sitio, “que durará hasta el fin del mundo”. Ella le indicó que, una vez terminada la iglesia, debía volver a Jerusalén. Santiago se levantó y narró a sus discípulos lo que la Virgen le pidió, mientras se iba desvaneciendo el resplandor de la aparición. En el lugar se levantó lo que es hoy día la Basílica de “Nuestra Señora del Pilar”.
Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén. En este viaje visitó a la Virgen María. Ella le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló. Santiago se despidió de la Virgen y de su hermano Juan, para dirigirse a Jerusalén. Al poco tiempo, el año 44, fue encarcelado y decapitado.
El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén. Cuando se desencadenó una nueva persecución, sus discípulos llevaron su cuerpo de vuelta a España.


Primer Concilio de Jerusalén

El primer concilio de la iglesia, en el año 49 era muy importante. Cuando Pablo y Bernabé volvieron del primer viaje a Antioquía, reunieron a toda la Iglesia en Jerusalén, en el año 49. El relato de la notable obra de Dios entre los gentiles, pronto se esparció por todas partes. Ciertos hombres de Judea se inquietaron, porque los gentiles fueron aceptados como miembros de la Iglesia, aunque estos no eran circuncidados conforme a la ley de Moisés y por lo tanto no se salvarían. Los creyentes se confundieron. El asunto llegó a ser tan confuso que aun Pedro, que también visitó Antioquia, creía que sería prudente apartarse de la incorporación de los gentiles y guardar las antiguas tradiciones judías de separación.
Pablo no cambió de opinión. Él sabía que la gracia sobrepasaba a la Ley y a las tradiciones. Pablo trató el asunto con gran sabiduría. Pedro se daba cuenta que los jefes de la Iglesia no podían estar en desacuerdo. El caso era Tito, un griego, que no había sido circuncidado y fue aceptado en la Iglesia. Jacobo, que no era uno de los apóstoles, dirigía las asambleas. Él pronunció la sentencia, que quedó por escrito:
“Que no se perturbe a los gentiles con la circuncisión, que no ofrezcan carne a los ídolos”.
Escogieron a Pablo. Bernabé, Judas y Silas para que llevaran esta carta a las iglesias. En una parte se indica que la Iglesia será compuesta principalmente por los gentiles, se bautizará en el nombre de Jesucristo y se reconoció a María como Madre de Jesús.

 


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Sepp Michaeli O.
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